La exfábrica La Constancia Mexicana se formó a partir de un molino y fue adaptada para la producción textil. El estudio histórico-arquitectónico del Instituto Nacional de Antropología e Historia revisa escrituras, avalúos, planos, mapas y grabados para reconstruir las transformaciones del inmueble.
Wikipedia registra que la fábrica comenzó operaciones el 7 de enero de 1835, fundada por Esteban de Antuñano y Gumersindo Saviñón. La sociedad adquirió en 1834 el terreno donde estaba el antiguo Molino de Santo Domingo, junto al río Atoyac, y allí instaló la factoría.
Del Molino de Santo Domingo a la producción textil
Antes de fabricar hilos y telas, el conjunto se dedicaba a la molienda. Un primer molino de pan se ubica desde 1543, mientras que la orden de Santo Domingo tuvo la propiedad a partir de 1576. El sitio reunía administración, bodegas, servicios, granero y salas de molienda alrededor de patios y explanadas.
La instalación textil comenzó al año siguiente de la compra. La fábrica aprovechó construcciones previas y añadió una gran sala de telares que unió dos edificios del antiguo molino. También conservó el patio del conjunto.
Durante esta etapa se incorporaron un templo católico y un núcleo de habitaciones para trabajadores, con viviendas alrededor de una explanada frente a la fábrica. Así, el predio reunió producción, almacenamiento, servicios, culto y alojamiento.
El agua movió molinos, máquinas y turbinas
El río Atoyac y el afluente de San Jerónimo fueron fundamentales para el funcionamiento del sitio. Primero aportaron fuerza para moler trigo y maíz; después se aprovecharon para mover maquinaria de hilados y tejidos.
Las primeras máquinas inglesas y estadounidenses funcionaban con energía hidráulica obtenida mediante molinos de madera y piedra. A comienzos del siglo XX se instalaron tres turbinas de reacción tipo Francis, fabricadas por la empresa suiza Escher & Wyss, para generar electricidad destinada a la maquinaria.
Wikipedia caracteriza a La Constancia como la primera fábrica textil mecanizada y la primera que utilizó energía hidráulica en México. También se registran otras fábricas textiles en Puebla entre 1838 y 1845, varias vinculadas con ríos, molinos o haciendas.
Trabajo, vivienda y crecimiento alrededor de la fábrica
Las ampliaciones respondieron al crecimiento de la producción. Entre 1906 y 1986 se extendieron las salas para recibir maquinaria y se construyó una planta alta sobre la sala de telares, conocida como sala de trociles.
El sistema hidráulico también se ajustó: se instaló canalización para conducir agua a las tres turbinas. Además, algunas salas de molienda fueron rellenadas o clausuradas para habilitar habitaciones destinadas a empleados de confianza.
La propiedad pasó por distintas etapas. Esteban de Antuñano fue dueño hasta su muerte en marzo de 1847; Francisco M. Conde adquirió la factoría alrededor de 1906 y la familia Barbaroux la compró en 1934. En 1960, Miguel Barbaroux la cedió a los obreros como saldo del pasivo laboral. Los obreros la administraron hasta 1976.
Una fábrica con varias etapas históricas
La actividad textil continuó durante el siglo XX y el cierre definitivo de operaciones ocurrió en 1991. Para entonces, el complejo había sido modificado durante décadas para responder a distintos procesos de trabajo, aunque conservaba elementos de su origen molinero.
El gobierno del estado de Puebla expropió el conjunto en 2001 y anunció un proyecto de rescate arquitectónico con usos culturales. El lugar alberga el Museo Infantil La Constancia Mexicana, la Casa de la Música de Viena, la Casa del Títere Marionetas Mexicanas y el Museo de la Música Mexicana “Rafael Tovar y de Teresa”.
El estudio publicado en 2010 formó parte de los trabajos preliminares para una propuesta de intervención y reciclaje de la antigua fábrica. Su reconstrucción histórica sigue las transformaciones de los espacios hasta la configuración arquitectónica observable en el inmueble.
Dato
Dato curioso. A inicios del siglo XX, La Constancia incorporó tres turbinas de reacción tipo Francis para producir electricidad con la fuerza del agua.