En 1646, Juan de Palafox y Mendoza entregó su biblioteca personal al Seminario de San Juan, en la ciudad de Puebla. La donación reunía cerca de 5 mil volúmenes y fijó una condición que define el origen del recinto: debía estar abierta al público que quisiera estudiar, no únicamente a eclesiásticos y seminaristas. Esa apertura explica por qué se le identifica como la primera biblioteca pública de América.
La autorización de la biblioteca llegó mediante una cédula real en diciembre de 1647 y fue confirmada por el papa Inocencio X en 1648. En ese contexto novohispano, el acceso a libros y a espacios de estudio estaba ligado con frecuencia a instituciones religiosas, colegios y seminarios. La disposición de Palafox amplió ese uso hacia lectores externos interesados en la formación intelectual.
La donación no es la misma que la sala actual
La fundación de 1646 y el aspecto actual de la biblioteca corresponden a momentos distintos. El fondo original quedó instalado en el Antiguo Colegio de San Juan, dentro del seminario fundado por Palafox y Mendoza; sin embargo, la bóveda y los dos primeros niveles de estantería que se conservan fueron mandados construir en 1773 por el obispo Francisco Fabián y Fuero.
Los muebles fueron elaborados por ebanistas novohispanos con maderas de ayacahuite, polocote y cedro. De esa etapa también data el retablo con la imagen de la Madonna de Trapani. Más adelante, en el siglo XIX, se añadió un tercer nivel de estantes porque el número de libros creció.
Cómo se formó el acervo histórico
La biblioteca no quedó limitada a los libros iniciales de Palafox. Después de la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, se incorporaron fondos de los colegios jesuitas del Espíritu Santo y de San Javier. Francisco Fabián y Fuero encargó al historiador Mariano Fernández de Echeverría y Veytia el inventario de ese conjunto antes de depositarlo en la Palafoxiana.
También se sumaron las bibliotecas personales de Fabián y Fuero, Manuel Fernández de Santa Cruz, Francisco Pablo Vázquez y Francisco Irigoyen, además de aportaciones particulares. El resultado es una colección histórica de más de 45 mil libros antiguos, acompañada de manuscritos, impresos mexicanos e impresos sueltos. No es un fondo de un solo tema: conserva obras religiosas, jurídicas, científicas, literarias, geográficas y de enseñanza.
Ese conjunto permite estudiar la sociedad novohispana desde varios ángulos. Los textos muestran qué materias circularon en colegios y espacios religiosos, pero también cómo se imprimían, encuadernaban, poseían y leían los libros. Marcas de fuego, exlibris, anotaciones marginales, grabados, tipos de letra, papel y marcas de agua aportan pistas sobre talleres, propietarios y recorridos de cada ejemplar.
Libros, lenguas y huellas de lectura
En los estantes hay biblias, tratados de derecho canónico y teología, obras de historia natural, humanidades, geografía, gramáticas, diccionarios, física y matemáticas, entre otras materias. El acervo incorpora textos en alrededor de 14 lenguas, incluidos latín, griego, árabe, hebreo, inglés, alemán y portugués. Esta diversidad permite revisar los vínculos entre saber religioso, educación, ciencia y cultura escrita en la Nueva España.
Entre las piezas señaladas se encuentran nueve incunables, nombre que reciben los libros impresos en los primeros tiempos de la imprenta europea. También resguarda obras de autores como Séneca, santa Teresa, Miguel de Cervantes y Andrés Vesalio. Los ejemplares conservan rastros físicos de impresores, lectores y dueños a lo largo de los siglos.
| Elemento | Cantidad o dato |
|---|---|
| Libros antiguos | 45,058 |
| Manuscritos | 5,348 |
| Incunables | 9 |
| Impresos mexicanos | 7 |
| Impresos sueltos | 2,000 |
Dato
Dato curioso. El incunable más antiguo mencionado para la colección es una edición de 1473 de Los nueve libros de la Historia, de Heródoto.
Qué reconocimiento recibió y qué significa
La Biblioteca Palafoxiana fue inscrita en junio de 2005 en el Registro Memoria del Mundo de la UNESCO. El reconocimiento se relaciona con su carácter de biblioteca pública, la permanencia de la colección en el mismo sitio durante más de tres siglos y las características de su acervo documental. También es Monumento Histórico de México desde 1981.
Memoria del Mundo y Patrimonio Mundial no son la misma inscripción. La Palafoxiana pertenece a Memoria del Mundo, un programa de la UNESCO enfocado en preservar y dar visibilidad al patrimonio documental. Por ello, el reconocimiento alude a libros, manuscritos y otros materiales que resguarda, no a una declaratoria de Patrimonio Mundial para el recinto.
Tras los daños estructurales ocasionados por los terremotos de 1999, la biblioteca fue restaurada y catalogada con participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia, instituciones culturales y organizaciones de conservación. El recinto reabrió sus puertas en abril de 2005, poco antes de su incorporación al Registro Memoria del Mundo.